miércoles 23 de julio de 2008
domingo 6 de julio de 2008
Mr. Unhappy*
Why do you want me to be what I could never be?
Why do you want me to act like I was another man?
You always say I'm crazy, then why do you stay with me?
Oh, tell me why...
Mister Unhappy
Mister Always Angry
Mister Always Sad
Mister Dissatisfied
Tell me what to do
So I could be with you
Tell me how to be
So you could love me...
I tried to behave for you
Just so you would not argue
I changed my personality
So you treat me with decency
My feisty temper doesn't agree
With your perfect Idea of me
You even made a proposition
That I should be on medication
Remind me what you love about me,
MisterMister Unhappy
Mister Always Grumpy
Mister always cool
Mister often cruel
You're the one saying "need some serious, serious fixing
But who the hell are you to tell me what to do?
Now it's over and
I feel like a newborn child
I see hope and beauty in the little patches of grass
You almost made me be like one of your sad fantasies
You almost made me feel like
I wasn't with you...
No more wasting my life with you, Mister
Mister Superficial
Mister "I am so special"
Mister "Something's wrong"
Let me sing you a song!
Mister Unhappy and Angry
Mister Sad and Dissatisfied
Mister controlling and mind fucking
Grumpy and Complexity
Mister cool, mister often cruel
You're so unhappy and lonely
Always saying "something is wrong with me"
Well, something is wrong with you, man because ever since it's over between you and
I I feel so... amazing!
Mister Unhappy...
Why didn't you let me be?
*Una canción de Julie Delpy
Why do you want me to act like I was another man?
You always say I'm crazy, then why do you stay with me?
Oh, tell me why...
Mister Unhappy
Mister Always Angry
Mister Always Sad
Mister Dissatisfied
Tell me what to do
So I could be with you
Tell me how to be
So you could love me...
I tried to behave for you
Just so you would not argue
I changed my personality
So you treat me with decency
My feisty temper doesn't agree
With your perfect Idea of me
You even made a proposition
That I should be on medication
Remind me what you love about me,
MisterMister Unhappy
Mister Always Grumpy
Mister always cool
Mister often cruel
You're the one saying "need some serious, serious fixing
But who the hell are you to tell me what to do?
Now it's over and
I feel like a newborn child
I see hope and beauty in the little patches of grass
You almost made me be like one of your sad fantasies
You almost made me feel like
I wasn't with you...
No more wasting my life with you, Mister
Mister Superficial
Mister "I am so special"
Mister "Something's wrong"
Let me sing you a song!
Mister Unhappy and Angry
Mister Sad and Dissatisfied
Mister controlling and mind fucking
Grumpy and Complexity
Mister cool, mister often cruel
You're so unhappy and lonely
Always saying "something is wrong with me"
Well, something is wrong with you, man because ever since it's over between you and
I I feel so... amazing!
Mister Unhappy...
Why didn't you let me be?
*Una canción de Julie Delpy
miércoles 2 de julio de 2008
Descabellada
Escribo con la luz apagada. No veo las teclas. Un instrumento sin melodía.
El moscardón entró cuando abrí la ventana. Zumba.
Trepa imparable por la pared blanca. No lo veo, pero lo escucho.
Él si me ve. En seis dimensiones.
Ve mi pasado.
Y mi futuro.
Y mis anhelos.
Y mis fracasos.
Ahora.
Y más allá.
Las patas pegajosas y oscuras, cubiertas por filamentos invisibles, se adhereren a la piel de la casa.
Late.
Algo, en la oscuridad, late.
Yo.
O el insecto.
O la pantalla.
O la espera.
O los pasos, afuera, de alguien que está por llegar.
Viene.
Arrastra sangre.
Me sueno los dedos de las manos.
Desenredo los huesos.
Una voz.
Llama.
Se apaga, como el fuego.
La cama a mis espaldas.
La almohada.
El re vol ver.
Late.
La máquina del tiempo: tener hijos. Amar.
Me volví estéril.
Oscura y sucia como una casa del siglo XIX.
Como una boca cariada.
Como una concha.
Como un jabalí.
Prendo la luz.
El moscardón se calla.
Victoria Secret está tirada en el piso.
Un charco negro y lustroso, de seda y poliéster, cayendo sobre si.
Soy la rubia de King Kong.
Siempre hay alguien que me rescata.
El moscardón entró cuando abrí la ventana. Zumba.
Trepa imparable por la pared blanca. No lo veo, pero lo escucho.
Él si me ve. En seis dimensiones.
Ve mi pasado.
Y mi futuro.
Y mis anhelos.
Y mis fracasos.
Ahora.
Y más allá.
Las patas pegajosas y oscuras, cubiertas por filamentos invisibles, se adhereren a la piel de la casa.
Late.
Algo, en la oscuridad, late.
Yo.
O el insecto.
O la pantalla.
O la espera.
O los pasos, afuera, de alguien que está por llegar.
Viene.
Arrastra sangre.
Me sueno los dedos de las manos.
Desenredo los huesos.
Una voz.
Llama.
Se apaga, como el fuego.
La cama a mis espaldas.
La almohada.
El re vol ver.
Late.
La máquina del tiempo: tener hijos. Amar.
Me volví estéril.
Oscura y sucia como una casa del siglo XIX.
Como una boca cariada.
Como una concha.
Como un jabalí.
Prendo la luz.
El moscardón se calla.
Victoria Secret está tirada en el piso.
Un charco negro y lustroso, de seda y poliéster, cayendo sobre si.
Soy la rubia de King Kong.
Siempre hay alguien que me rescata.
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corregido in situ
lunes 23 de junio de 2008
Semilla
Once de la mañana. Balvanera. Esperando el 151 sobre la calle Rivadavia. Frío. A lo largo de toda la vereda, una cinta de negocios: mercería, tienda de ropa para gordos, herboristería, bazar, disquería. En frente: casa de deportes, un local de telefónica. Delante de la vidriera que exhibe celulares, un cartonero envuelto en una bolsa negra de residuos rescata materiales y los acomoda en su carrito. De los parlantes que dan hacia la calle de la disquería, a un volumen estentóreo, con tono grave y compungido, brota la voz del cantante: “Voy a comerte el corazón a beeeesos.... A recorrer sin límite tu cueeeerpoooo...”. Antes de que el tema termine subo al colectivo y me alejo.
miércoles 18 de junio de 2008
otro orden de cosas
¿Existe alguna experiencia más maravillosa que la de perder la noción del tiempo porque te quedaste frente a la pantalla de la computadora, escribiendo?
¿Hay algo más catastrófico que sentir olor a quemado, correr a la cocina y descubrir que la pava que pusiste sobre la hornalla hace como dos horas para prepararte un té está desteñida, achicharrada y huele a metal fundido?
¿Hay algo más catastrófico que sentir olor a quemado, correr a la cocina y descubrir que la pava que pusiste sobre la hornalla hace como dos horas para prepararte un té está desteñida, achicharrada y huele a metal fundido?
sábado 14 de junio de 2008
Mundo
“Por caminos torcidos había venido a caer en un destino de mujer. Con la sorpresa de caer en él como si ella lo hubiera inventado”.
Clarice Lispector
Clarice Lispector
Abrazar al hijo y soltarlo.
Apartarlo. Dejarlo ir.
La madre percibe entre los dos un hilo viscoso, como un hilo de baba colgando después de un beso húmedo.
La madre percibe entre los dos un hilo viscoso, como un hilo de baba colgando después de un beso húmedo.
¿Qué es ese amor? ¿De qué está hecho?
Miedo y expectativas. Deseos y culpa.
El famoso cliché: para qué.
Para qué traerlo a este mundo.
Un mundo que gira como una fruta mordida entre las manos de dos amantes.
Miedo y expectativas. Deseos y culpa.
El famoso cliché: para qué.
Para qué traerlo a este mundo.
Un mundo que gira como una fruta mordida entre las manos de dos amantes.
Dos ignorantes abriéndose, desnudos, al horror del saber.
Si: saber la fruta, saborearla. Deshacer la pulpa entre los dientes, transgredir la ley.
Ese hueco acanalado, la huella de la mordedura, es la ausencia. Lo inexplicable.
Cómo explicarle al hijo que crece frente a una, por qué.
Cómo ser madre cuando una todavía no terminó de parirse.
Ese hueco acanalado, la huella de la mordedura, es la ausencia. Lo inexplicable.
Cómo explicarle al hijo que crece frente a una, por qué.
Cómo ser madre cuando una todavía no terminó de parirse.
Son tan débiles
mis raíces tan
de semilla
germinada en un frasco de vidrio
entre la pared transparente
y el papel
secante
jueves 12 de junio de 2008
La vida
La ventana de mi cocina da hacia el hueco del edificio. Desde ahí puedo ver un ángulo bastante cerrado de una de las habitaciones del departamento del segundo cuerpo. Tiene dos reproducciones de arte en la pared. Una de Picasso y otra de Matisse. Un escritorio de madera, un velador y una computadora. Nunca veo gente. Desde otro departamento sube (o baja) siempre música exótica, de la India o de China o Turquía. Flautitas e instrumentos de cuerdas, melodías ondulantes y voces carrasposas. Paso mucho tiempo en la cocina. Lo cierto es que es el único lugar de la casa en el que, sólo por la noche, cuando mi hija ya duerme, fumo un cigarrillo pegando la boca a la ventana para tirar el humo hacia fuera. A veces escucho el sonido áspero de un arco raspando las cuerdas de un violín. Quien sea que lo ejecute, no lo hace del todo mal. Por suerte. Hay un grupito de gente que cena bien tarde y habla a los gritos. Imagino: los hijos adolescentes de una familia, que invitan cada tanto a sus amigos. O: tres o cuatro pibes que viven solos y se reúnen para comer. Hay otro –ni idea por qué pienso que es un hombre- que escucha casi siempre ópera. Su selección musical me encanta. He llegado a subirme a la mesada para sacar la cabeza por la ventana y oír mejor. Hace poco llegó una carta del consorcio: instaba, con ese lenguaje protocolar de los entes administradores, a que los vecinos respetáramos las normas básicas de convivencia y no arrojáramos basura ni colillas de cigarrillos al patio central del edificio. Yo, basura nunca. Pero alguna que otra colilla, puede ser.
lunes 9 de junio de 2008
1. En la tierra hay una grieta por donde se filtra la humedad. De a poco se pudren los cimientos sobre los que se intenta construir algo. Todo blandito. Mohoso.
2. Las horas: cuerdas de un instrumento desafinado. Cuerdas para hacer equilibrio sobre el abismo del tiempo. Cuerdas para acordarse. Para ahorcarse. Cuerdas para amarrarse a un poste cuando cantan cerca las sirenas. Cuerdas para colgarse. Para saltar a la cuerda. Acordonarse. Cuerdas para activarse. Para darse cuerda. O ser cuerda.
3. Tallar la voz hasta volverla imagen.
4. El es un reptil. Frío. La lengua dividida. Con una de sus mitades habla un idioma extraño e indescifrable; escupe veneno para inmovilizar a su presa y comérsela de un bocado, te desconoce. Con la otra mitad calla y lame a los heridos y es el de siempre. Mirarlo es como deslizarse por una pista de hielo. Desconocer los rudimentos básicos que requieren la práctica del patinaje es un peligro. Nunca tambalearse. Ni temblar.
2. Las horas: cuerdas de un instrumento desafinado. Cuerdas para hacer equilibrio sobre el abismo del tiempo. Cuerdas para acordarse. Para ahorcarse. Cuerdas para amarrarse a un poste cuando cantan cerca las sirenas. Cuerdas para colgarse. Para saltar a la cuerda. Acordonarse. Cuerdas para activarse. Para darse cuerda. O ser cuerda.
3. Tallar la voz hasta volverla imagen.
4. El es un reptil. Frío. La lengua dividida. Con una de sus mitades habla un idioma extraño e indescifrable; escupe veneno para inmovilizar a su presa y comérsela de un bocado, te desconoce. Con la otra mitad calla y lame a los heridos y es el de siempre. Mirarlo es como deslizarse por una pista de hielo. Desconocer los rudimentos básicos que requieren la práctica del patinaje es un peligro. Nunca tambalearse. Ni temblar.
domingo 8 de junio de 2008
Me dormí con el pelo mojado.
Por la noche la almohada absorbió el agua.
Hoy me desperté con la forma del sueño en el peinado.
Por la noche la almohada absorbió el agua.
Hoy me desperté con la forma del sueño en el peinado.
viernes 6 de junio de 2008
jueves 5 de junio de 2008
miércoles 28 de mayo de 2008
Partida. Quebrada. Ida. Astillada. Rota. Parida. Rajada. Arrojada. Cavada. Dividida. Perforada. Mutilada. Masticada. Triturada. Fraccionada. Desgarrada. Trozada. Recortada. Picada. Abierta. Agujereada. Punzada. Clavada. Hendida. Cuarteada. Fracturada. Molida.
lunes 26 de mayo de 2008
Apretar las rodillas, presionarlas bien, una contra otra, como dos nueces de pekán. Que se abran, que suelten la fruta.
jueves 22 de mayo de 2008
10 a.m.
Los ojos empotrados en la frente. Lumbalgia. Rumiando el sabor amargo de un sueño troquelado. Ellos dos pasean por Europa. Mi hija escupe flema negra. Yo me trago los mocos. Taquicardia. Vértigo. Esta imagen: un soldadito a cuerda da pasos torpes pero certeros en línea recta sobre la mesa. Se acerca al borde. Un astro violeta ilumina cenital una porción de la superficie blanca. Precipicio. Cae. De espaldas, quebrado, sigue su marcha mecánica, moviendo las patitas en el aire. Y así.
miércoles 21 de mayo de 2008
jueves 15 de mayo de 2008
lunes 12 de mayo de 2008
Especulaciones
Ella se desnuda. Sobre el cuerpo tibio y flojo, un sobretodo verde. Se pinta los labios de fucsia. Sale. Camina por el cordón de la vereda, bordeando la velocidad rasante de los autos, descalza. Un bar, mesitas en la vereda, platos sucios. Recoge una pata de pollo con algunos restos de carne blanca adherida al hueso y se lo guarda en el bolsillo. Se chupa la grasa de los dedos. Ahí va la loca, piensa. ¿Piensan los locos? ¿Y los animales? ¿Calculan?
Nadie puede mirarse a si mismo a la cara. Veamos: frente al espejo se posa. Se es otro. Otra persona. Otra mentira. Las fotos, incluso aquellas que lo sorprenden a uno, reproducen un instante, apresan apenas un gesto fugaz. Nada definitivo. ¿Y qué hay de la imagen en movimiento? Disecciono la imagen que se reproduce en la pantalla: la que sostiene a su hija en brazos y la ayuda a soplar las velitas y reparte porciones de torta en servilletas pegoteadas no soy yo. Ese no es mi cuello. Ese no es mi pelo. Esas bolsas negras debajo de los ojos, no. No son mías. Imposible ver el conjunto. Cómo saber cómo es una. Cómo saber qué ven los otros de mi. Mi mirada se detiene en zonas que para el resto no tienen importancia. No me conozco. Puedo ser ella. U otra.
Sé de una mujer que una mañana se levantó y entró al cuarto de su hija de dieciocho meses. Dormía. La sacó de la cuna y fue hasta la ventana. Salió al balcón y la tiró. Las ramas del árbol que estaba justo debajo amortiguaron la caída y la beba llegó al piso sin romperse del todo. Ahora tiene seis años. Y su madre viaja en subte.
La locura es una piedra en medio de una mata de pasto. Cualquiera puede tropezar y desnucarse.
Ella toma el tren. Se acomoda en un asiento de cuero, roto, que supura vellón por los costados. Cuando el guarda le pide el boleto, saca la lengua y se abre de piernas. Entre varios la toman de los dos brazos y las dos piernas y, frente a la compuerta, la hamacan hacia delante y hacia atrás. Cae y rueda sobre una loma de tierra. Como un animal se lame las heridas y después, el sexo. Ya es de noche. Vuelve sobre sus pasos, enrollando su vergüenza como una alfombra. Debajo del abrigo, desnuda. Enterrado en el bolsillo, un hueso.
Nadie puede mirarse a si mismo a la cara. Veamos: frente al espejo se posa. Se es otro. Otra persona. Otra mentira. Las fotos, incluso aquellas que lo sorprenden a uno, reproducen un instante, apresan apenas un gesto fugaz. Nada definitivo. ¿Y qué hay de la imagen en movimiento? Disecciono la imagen que se reproduce en la pantalla: la que sostiene a su hija en brazos y la ayuda a soplar las velitas y reparte porciones de torta en servilletas pegoteadas no soy yo. Ese no es mi cuello. Ese no es mi pelo. Esas bolsas negras debajo de los ojos, no. No son mías. Imposible ver el conjunto. Cómo saber cómo es una. Cómo saber qué ven los otros de mi. Mi mirada se detiene en zonas que para el resto no tienen importancia. No me conozco. Puedo ser ella. U otra.
Sé de una mujer que una mañana se levantó y entró al cuarto de su hija de dieciocho meses. Dormía. La sacó de la cuna y fue hasta la ventana. Salió al balcón y la tiró. Las ramas del árbol que estaba justo debajo amortiguaron la caída y la beba llegó al piso sin romperse del todo. Ahora tiene seis años. Y su madre viaja en subte.
La locura es una piedra en medio de una mata de pasto. Cualquiera puede tropezar y desnucarse.
Ella toma el tren. Se acomoda en un asiento de cuero, roto, que supura vellón por los costados. Cuando el guarda le pide el boleto, saca la lengua y se abre de piernas. Entre varios la toman de los dos brazos y las dos piernas y, frente a la compuerta, la hamacan hacia delante y hacia atrás. Cae y rueda sobre una loma de tierra. Como un animal se lame las heridas y después, el sexo. Ya es de noche. Vuelve sobre sus pasos, enrollando su vergüenza como una alfombra. Debajo del abrigo, desnuda. Enterrado en el bolsillo, un hueso.
viernes 9 de mayo de 2008
París era una fiesta
Rasgo el sobrecito Ledesma. Una llovizna azucarada desaparece bajo el colchón de espuma. Gránulos diminutos dispersos sobre la mesa. Un café. Gente. Sostengo el libro abierto sobre mis rodillas. Manos ocupadas. Una casita que alberga rótulas. De espaldas a mi... Miento. Soy yo la que da la espalda. Un chico de barba subraya unos apuntes. Concentrado. Se lo ve por el rabillo, llevando el iris hasta el extremo de la córnea. El advierte la intromisión del ojo y lanza una mirada. Yo-yo. Rápida. Vuelve a la página. Anochece. El cielo es una herida sangrante. El aire pesa. Se instala en la base de la nuca. Más allá una pareja. Hablan. El, a un volumen demasiado alto. Quizás ella sienta vergüenza. Quizás. Intento retornar al libro. El portón de la casita está cerrado con candado. Dispersa. Giro el cuello y espío sobre mi hombro para ver qué hace el otro. Está guardando sus apuntes en una mochila. ¿Es un chico o un hombre? Me mira. ¿Yo? ¿Soy una mujer? Debería admitirlo de una buena vez. Ya no soy una nena descalza. Basta con observar la cantidad de cremitas apiladas detrás del espejo.
miércoles 7 de mayo de 2008
Payana
Barro con la palma de la mano cinco pesadillas consecutivas. Las aprieto en mi puño, pero una se desliza y cae. Choca contra el piso y rebota un par de veces produciendo un leve chasquido. Cortina de humo. Ahora no puedo hacer otra cosa más que dormir. Sumerjo la cabeza en un sueño denso, sin imágenes, opaco.
Duermo.
Duermo.
Duermo.
Muerdo.
Me despierto entumecida, como si acabara de serruchar una crisálida con los huesos de mi columna.
Me queda un solo día.
Tengo alas de celofán y dientes chiquitos y afilados.
Duermo.
Duermo.
Duermo.
Muerdo.
Me despierto entumecida, como si acabara de serruchar una crisálida con los huesos de mi columna.
Me queda un solo día.
Tengo alas de celofán y dientes chiquitos y afilados.
lunes 28 de abril de 2008
Gato de metal
Un encuentro planeado como casual. Algo así como dejarse ganar en una pulseada china. Cuando lo conociste, pensaste que era una de las personas más geniales del mundo. Te cayó bien de inmediato. Tanto que ese verano, ese que permanecerá en tu recuerdo como el mito iniciático de La Relación, que vendría a prefigurar un futuro (más adelante, tras una lluvia tóxica de años, quedaría reducido a una montaña de cenizas), hubo un momento en el que dudaste. ¿A cuál de los dos amigos querías? De igual manera, la flecha de la historia zumbó en el aire. El destino, la suerte, la diké, (vaya uno a saber) obraron. Y todo fue como fue. Ahora toman café y te dice que para el, que nunca en su vida se psicoanalizó, las conversaciones con vos siempre fueron lo más cercano a una terapia. Y recuerdan, como si recogieran un fotograma encontrado en el piso del bar y lo miraran a contraluz, una noche en la que vos cocinabas (cous coous especiado, pollo, humus) y el, del otro lado del pasador, tomaba vino mientras charlaban. No creen que puedan ser amigos. Las circunstancias, etcétera. Pero hoy, por lo pronto, le contás un secreto. Algo que no puede contarle a nadie. Y después de hablar de la naturaleza perecedera de las relaciones, coinciden: somos gatos. (Aunque a vos siempre te gustaron más los perros).
miércoles 23 de abril de 2008
D I O X A F L E X P L U S
La piel se derrama
por el borde
de los huesos.
Un sueño viscoso
te amenaza
igual que
la boca de Alien
chorreando saliva
a unos milímetros de Ripley.
Eso sí:
los músculos,
intactos
como ladrillos.
por el borde
de los huesos.
Un sueño viscoso
te amenaza
igual que
la boca de Alien
chorreando saliva
a unos milímetros de Ripley.
Eso sí:
los músculos,
intactos
como ladrillos.
jueves 17 de abril de 2008
Cualquiera
Fuera de foco (efecto neblina). Tus músculos; alambres retorcidos. Entrás y salís de la sala de cine.La luz del proyector, sobre la pantalla, reproduce una imagen licuada.¿Dónde estás parada? La rampa desemboca en el patio de comidas. Plano cenital. Tu cabeza es un plato. Salís. Entrás. Entrás. Salís. Metés la mano en la cartera. Tus dedos buscan el encendedor, un cigarrillo. No llegás a ponértelo en la boca. Te baja la presión, fade out. Al piso. La mugre de las baldosas se adhiere a tu ropa, a tu pelo recién cortado a la nouvelle vague. Manoteás un taco aguja para inyectarte un poco de esa energía Bafici, pero, ay.
martes 15 de abril de 2008
Leer
LARVA
de Ted Hughes. En: Poemas de animales.
Bestia de carga, con ideas de cocodrilo
y cuerpo de feto
Rastrero absurdo, vives en una barraca,
eres tu peor enemigo.
Tu paranoia es arrastrar un castillo
por ese paisaje lunar, como un tren descarrilado
bajo la tromba del río.
Deberías haber sido cangrejo. No vale la pena.
En marzo las truchas se atiborran
con los despojos de tus dudas y esperanzas.
Cara de avispa, huérfano y abandonado
prematuramente.
Das gritos de guerra inaudibles e improvisas
ese apaño hercúleo que es llevar a cuestas tu casa;
puedes pellizcarme el dedo pero
todavía eres un bebé.
Tus ropas campestres de paja estilo samurai,
tu malla nibelunga de ágatas, solo
afirman fantasías de miedo y hambre
Date prisa. Súmate a la orgía
aquí entre las hojas, bajo la llovizna,
bajo una capa endeble de alas oscuras.
de Ted Hughes. En: Poemas de animales.
Bestia de carga, con ideas de cocodrilo
y cuerpo de feto
Rastrero absurdo, vives en una barraca,
eres tu peor enemigo.
Tu paranoia es arrastrar un castillo
por ese paisaje lunar, como un tren descarrilado
bajo la tromba del río.
Deberías haber sido cangrejo. No vale la pena.
En marzo las truchas se atiborran
con los despojos de tus dudas y esperanzas.
Cara de avispa, huérfano y abandonado
prematuramente.
Das gritos de guerra inaudibles e improvisas
ese apaño hercúleo que es llevar a cuestas tu casa;
puedes pellizcarme el dedo pero
todavía eres un bebé.
Tus ropas campestres de paja estilo samurai,
tu malla nibelunga de ágatas, solo
afirman fantasías de miedo y hambre
Date prisa. Súmate a la orgía
aquí entre las hojas, bajo la llovizna,
bajo una capa endeble de alas oscuras.
sábado 5 de abril de 2008
viernes 4 de abril de 2008
El mundo es una boca de lobo. Y los días, uno detrás de otro, la lengua húmeda por la que viaja sin rumbo. Una carretera gris cortando el desierto, en la noche oscura. Ella camina descalza, sin una sola cerilla. Como la mendiga del cuento de Hans Christian Andersen que le regalaron para un cumpleaños y que su madre, después de leérselo en voz alta, horrorizada por la crueldad de la historia, le permitió dibujar y recortar. Ella lo hizo. Con placer morboso destrozó las páginas del libro y tachó las ilustraciones. Pero no las olvidó nunca. Y el recuerdo de esa niña sola, presa del frío, a la intemperie, hambrienta e ignorada por todos los que pasan a su lado, cargados de obsequios que compraron para poner al pié del arbolito de navidad y repartir en sus cálidos hogares, la obsesiona.
martes 1 de abril de 2008
Calendario
Días caracol: soy un filamento gelatinoso, una babosa enroscándose en los espirales de su guarida. Días terroríficos: soy una sirena dejándose envolver por su propio canto.
Días amarre: soy una araña atrapada en la construcción de su tela.
Días amarre: soy una araña atrapada en la construcción de su tela.
lunes 31 de marzo de 2008
Kitchen
Sobre la superficie de mármol veteado corre una cucarachita asustada, describiendo círculos alrededor de la esponja.
En la pileta, platos del medio día con restos de comida: huesos de pollo nadando entre grasa gelatinosa.
Los guantes de goma amarilla, reposando en el alfeizar. Decido ignorarlos.
En la otra habitación, mi hija juega.
Como de costumbre, un príncipe y una princesa. Se enamoran, se casan, se besan.
Una guirnalda de papel crepe fosforescente se desprende de la pared un año después de haber sido colgada; el pegamento de la cinta perdió su capacidad adhesiva. Un acontecimiento azaroso y puntual. Como un estallido o un nacimiento. El televisor en mute centellea. Zapping de informativos.
Casi tan difícil elaborar una opinión sólida como forrar una tartera con masa sin que se quiebre.
En la pileta, platos del medio día con restos de comida: huesos de pollo nadando entre grasa gelatinosa.
Los guantes de goma amarilla, reposando en el alfeizar. Decido ignorarlos.
En la otra habitación, mi hija juega.
Como de costumbre, un príncipe y una princesa. Se enamoran, se casan, se besan.
Una guirnalda de papel crepe fosforescente se desprende de la pared un año después de haber sido colgada; el pegamento de la cinta perdió su capacidad adhesiva. Un acontecimiento azaroso y puntual. Como un estallido o un nacimiento. El televisor en mute centellea. Zapping de informativos.
Casi tan difícil elaborar una opinión sólida como forrar una tartera con masa sin que se quiebre.
domingo 30 de marzo de 2008
Saurio
Interior. Noche.
Un fósil gigante de la era precámbrica ha venido a parar al living de mi casa.
Me desplazo con cuidado para no rozarlo, me interno entre sus costillas. Ahora estoy atrapada. Soy su corazón.
Un fósil gigante de la era precámbrica ha venido a parar al living de mi casa.
Me desplazo con cuidado para no rozarlo, me interno entre sus costillas. Ahora estoy atrapada. Soy su corazón.
sábado 29 de marzo de 2008
Por la panamericana con mi hermano, en el auto de mamá. En el estéreo, Clics modernos. Para él ese disco son vacaciones en Pinamar con sus amigos. Para mi es Maru, Romeo, Andrés, Hernán. Viaje más música es una combinación propicia para la nostalgia. Peaje. Cumplir años, le digo, es cargar con más historia en una mochila llena de bolsillitos, compartimentos. Y una no aprende. No aprende más. Vórtice es una palabra que se puso de moda hace un tiempo. Conversación; recortar figuras del pasado. Serpentinas. Cruzamos la noche proyectando la luz de los faros que iluminan el camino. Empieza nuevos trapos y hacemos silencio. Después, retrocedemos un track y los dos, al unísono, acompañamos con nuestras propias voces el tema:
Daría cualquier cosa por amar
Daría cualquier cosa por poderte dar un poco más, más de lo que puedo dar
Pero a la vez quiero decirte que
te encargues de tu vida porque yo no soy mejor que vos
vos no sos mejor que yo
Eso.
Daría cualquier cosa por amar
Daría cualquier cosa por poderte dar un poco más, más de lo que puedo dar
Pero a la vez quiero decirte que
te encargues de tu vida porque yo no soy mejor que vos
vos no sos mejor que yo
Eso.
lunes 24 de marzo de 2008
miércoles 19 de marzo de 2008
Algo así
Puede parecer que construyo un dique para que irrigue el dolor. Pero no. Todo lo contrario. Aunque te cueste creerme, escribir es como atar un torniquete alrededor de un miembro infectado. Impedir que avance la gangrena.
No sé si podría llamarme a mi misma poeta. Si lo fuera, sería de la clase suicida.
Soy, en esencia, poco perseverante, cero búfalo (aunque nada me interesa menos que el horóscopo y ni hablar del chino). Cuando me dispongo a la muerte tomo una cantidad exigua de pastillas. No sirven para nada. Torpe.
Ya que preguntás, te diría que soy bastante buena reencarnando.
Ahora, por lo pronto, me tengo fe. Hago como teshuvá conmigo. Vuelvo al origen, a la pregunta, sigo la pista deslizando las manos alrededor del cordón umbilical, atravieso el útero materno, voy más allá.
De todos modos, la autoestima me incomoda.
Es un colchón demasiado blando. Una cama de agua.
No sé si podría llamarme a mi misma poeta. Si lo fuera, sería de la clase suicida.
Soy, en esencia, poco perseverante, cero búfalo (aunque nada me interesa menos que el horóscopo y ni hablar del chino). Cuando me dispongo a la muerte tomo una cantidad exigua de pastillas. No sirven para nada. Torpe.
Ya que preguntás, te diría que soy bastante buena reencarnando.
Ahora, por lo pronto, me tengo fe. Hago como teshuvá conmigo. Vuelvo al origen, a la pregunta, sigo la pista deslizando las manos alrededor del cordón umbilical, atravieso el útero materno, voy más allá.
De todos modos, la autoestima me incomoda.
Es un colchón demasiado blando. Una cama de agua.
domingo 16 de marzo de 2008
De la crónica diaria
Según los particulares conceptos sobre el amor vertidos por la revista Viva de Clarín –hoy vamos a darles crédito- , estamos en condiciones de asegurar que la que firma esta entrada, ayer a eso de las cinco de la tarde en el barrio de Palermo, flirteó con Vincent Gallo. Cinco segundos ininterrumpidos de mirada sostenida -giro de cabeza para prolongar el contacto visual a medida que se alejaba caminando, incluido- lo confirman.
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permítaseme ser banal
viernes 14 de marzo de 2008
Hace diez años, W. te escribe una cartita de semi amor que comienza con un epígrafe de E. E. Cummings. Un fragmento que, a su vez, lee Michael Caine en Hanna y sus hermanas.
Hace unos meses tu ex te dice que bueno, qué se le va a hacer, la vida no es una película de Woody Allen.
Hoy, le escribís por quinta vez un mail a W. con el subject: “Considerame Spam”, insistiendo: acreditame. Hacés todo lo posible por parecer graciosa e inteligente.
Ayer, atada al cable del teléfono, susurros entre la línea infectada.
Hoy, te despertás a las seis de la mañana, preguntándote desde cuándo empezaste a dar esta imagen de sachet descartable en la góndola del supermercado. Decís: son los treinta y pico. Y ya no volvés a dormir nunca.
Ayer, hoy, a la noche, a la mañana, tendés una línea de equilibrista entre el sueño de tu hija que duerme en su habitación interrumpida por pequeñas tosecitas, y tu desvelo.
Todavía oscuro. Prendés la máquina. Trabajás.
Ahora, preparás el almuerzo. Tu hija no come porque hay basuritas en el plato.
No hay manera de convencerla de que las basuritas son las verduras hidratadas del caldo.
Cambia de tema. Dice: “El Ken es Súperman pero ya no se quedó enamorado de Luisa Lane.”
Ahora está con la bailarina del tutú rosa.
Tienen una hijita desarmable que vino en el huevito kínder.
Nadie
Ni siquiera la lluvia
Tiene manos tan pequeñas
Hace unos meses tu ex te dice que bueno, qué se le va a hacer, la vida no es una película de Woody Allen.
Hoy, le escribís por quinta vez un mail a W. con el subject: “Considerame Spam”, insistiendo: acreditame. Hacés todo lo posible por parecer graciosa e inteligente.
Ayer, atada al cable del teléfono, susurros entre la línea infectada.
Hoy, te despertás a las seis de la mañana, preguntándote desde cuándo empezaste a dar esta imagen de sachet descartable en la góndola del supermercado. Decís: son los treinta y pico. Y ya no volvés a dormir nunca.
Ayer, hoy, a la noche, a la mañana, tendés una línea de equilibrista entre el sueño de tu hija que duerme en su habitación interrumpida por pequeñas tosecitas, y tu desvelo.
Todavía oscuro. Prendés la máquina. Trabajás.
Ahora, preparás el almuerzo. Tu hija no come porque hay basuritas en el plato.
No hay manera de convencerla de que las basuritas son las verduras hidratadas del caldo.
Cambia de tema. Dice: “El Ken es Súperman pero ya no se quedó enamorado de Luisa Lane.”
Ahora está con la bailarina del tutú rosa.
Tienen una hijita desarmable que vino en el huevito kínder.
Nadie
Ni siquiera la lluvia
Tiene manos tan pequeñas
jueves 13 de marzo de 2008
Autofagia
¿Es esto un diario íntimo?
Bien.
Que sea una diario.
Que sea íntimo.
Carnicería,
Endoscopia,
Vivisección.
Voy a comerme viva.
Bien.
Que sea una diario.
Que sea íntimo.
Carnicería,
Endoscopia,
Vivisección.
Voy a comerme viva.
miércoles 12 de marzo de 2008

Hoy soy una nena
a la intemperie
–las plantas delos pies descalzos
sobre un papel secante-
experimentando con la fiebre.
–las plantas delos pies descalzos
sobre un papel secante-
experimentando con la fiebre.
lunes 10 de marzo de 2008
Generala
A veces tomás dos wiskies de más.
Agitás los hielos, como dados en un cubilete. Un tropiezo. Escalera servida hacia el abismo.
Rodás.
Las cuentas de tu collar de fantasía salen disparadas por el aire.
Te rompés el cuello. Las vértebras crujen. Dislocaciones.
Al pié del primer escalón, sos una montaña de chatarra no apta para el reciclaje.
Convexa.
El pelo adherido a la frente por un grumo coagulado de sangre que empieza a oxidarse.
La boa de plumas que te rodeaba los hombros abre la boca y se come la cola.
Duele.
A veces, te rearmás.
Como si se activara el botón de retroceso.
Elevándose en el aire, con leves estertores imperceptibles, los huesos vuelven a encajar en sus articulaciones, movidos por una mano invisible o un imán.
Algunos de tus órganos quedaron emplastados en el piso, una alfombra de gelatina roja y arterias.
Agitás los hielos, como dados en un cubilete. Un tropiezo. Escalera servida hacia el abismo.
Rodás.
Las cuentas de tu collar de fantasía salen disparadas por el aire.
Te rompés el cuello. Las vértebras crujen. Dislocaciones.
Al pié del primer escalón, sos una montaña de chatarra no apta para el reciclaje.
Convexa.
El pelo adherido a la frente por un grumo coagulado de sangre que empieza a oxidarse.
La boa de plumas que te rodeaba los hombros abre la boca y se come la cola.
Duele.
A veces, te rearmás.
Como si se activara el botón de retroceso.
Elevándose en el aire, con leves estertores imperceptibles, los huesos vuelven a encajar en sus articulaciones, movidos por una mano invisible o un imán.
Algunos de tus órganos quedaron emplastados en el piso, una alfombra de gelatina roja y arterias.
domingo 9 de marzo de 2008
jueves 6 de marzo de 2008
Plegaria antes de dormir
Que la noche sea un facón
y las imágenes que despedazan las horas
como navajas, reposen.
y las imágenes que despedazan las horas
como navajas, reposen.
martes 4 de marzo de 2008
“Cuando la autodestrucción entra en el corazón, al principio parece un grano de arena. Es como una jaqueca, una indigestión leve, un dedo infectado; pero pierdes el de las 8:20 y llegas tarde para solicitar un aumento del crédito. El viejo amigo con el que vas a comer de repente agota tu paciencia y para mostrarte amable te tomas tres copas, pero el día ya ha perdido forma, sentido y significado. Para recuperar cierta intencionalidad y belleza bebes demasiado en las reuniones, te propasas con la mujer de otro y acabas por cometer una tontería obscena y a la mañana siguiente desearías estar muerto. Pero cuando tratas de repasar el camino que te ha conducido a este abismo, sólo encuentras el grano de arena”John Cheever. Diarios.
sábado 1 de marzo de 2008
Sábado
Ella es una pelotita del póketer buscando su agujero. Rodando, chocando contra las paredes, rebotando contra el acrílico.
Cuando se levanta de la cama se frota los puños contra los párpados para arrancarse la membrana que le recubre los ojos. La viscosidad se reproduce en la punta do los dedos, pero continúa nublándole la vista. Ahora todo lo que toca es pegajoso. La casa entera surcada por hilos de baba, la mesa cubierta por un mantel de araña.
Abre la puerta, recoge el diario, sale. La calle es un adentro de algo, de otra cosa, una cavidad húmeda.
Claustrofobia.
Camina unas cuantas cuadras, a punto de resbalar y caer desde una altura imposible. Como en sueños, sobre un par de zancos. Motor de colectivos y autos, caños de escape, veredas rotas, una plaza sin juegos, negocios que ofrecen chucherías, florerías exhibiendo ramos mustios; moribundos.
Se detiene en la puerta de un café antiguo, entra, un bandoneonista arruga el fuelle de su instrumento con pasión dudosa. Un hojaldre de diarios y revistas en la mesa. Ella posa su mirada sobre las páginas como un mosquito indeciso, sobrevolando una capa de piel demasiado arrugada y seca. Apila una torre de preguntas en su mente.
Las horas se pliegan como un papel finito, el tiempo es un abanico. El día y ella parecen tramitar el mismo estado de dispersión: llueve, sale el sol, llueve.
Confecciona una lista de tareas posibles: lavar la ropa, escribir, trabajar, leer, ir al cine, dormir. Fichas en un tablero de go, arrinconadas contra una esquina.
Ella nunca se decide. Reza una plegaria en zigzag. Que se termine. Que pronto, algo, se termine.
Cuando se levanta de la cama se frota los puños contra los párpados para arrancarse la membrana que le recubre los ojos. La viscosidad se reproduce en la punta do los dedos, pero continúa nublándole la vista. Ahora todo lo que toca es pegajoso. La casa entera surcada por hilos de baba, la mesa cubierta por un mantel de araña.
Abre la puerta, recoge el diario, sale. La calle es un adentro de algo, de otra cosa, una cavidad húmeda.
Claustrofobia.
Camina unas cuantas cuadras, a punto de resbalar y caer desde una altura imposible. Como en sueños, sobre un par de zancos. Motor de colectivos y autos, caños de escape, veredas rotas, una plaza sin juegos, negocios que ofrecen chucherías, florerías exhibiendo ramos mustios; moribundos.
Se detiene en la puerta de un café antiguo, entra, un bandoneonista arruga el fuelle de su instrumento con pasión dudosa. Un hojaldre de diarios y revistas en la mesa. Ella posa su mirada sobre las páginas como un mosquito indeciso, sobrevolando una capa de piel demasiado arrugada y seca. Apila una torre de preguntas en su mente.
Las horas se pliegan como un papel finito, el tiempo es un abanico. El día y ella parecen tramitar el mismo estado de dispersión: llueve, sale el sol, llueve.
Confecciona una lista de tareas posibles: lavar la ropa, escribir, trabajar, leer, ir al cine, dormir. Fichas en un tablero de go, arrinconadas contra una esquina.
Ella nunca se decide. Reza una plegaria en zigzag. Que se termine. Que pronto, algo, se termine.
jueves 28 de febrero de 2008
Las histéricas somos lo máximo
Té de chicas.
Se barajan frases.
Un lector adyacente mira de reojo.
Notario de rostros.
Ahora tienes un nuevo amigo en el club de las apariencias
¿quieres dejarle un mensaje?
Si, quiero saber dónde está el baño
creo que voy a vomitar.
Nademos crawl sincronizado
a lo largo de la pantalla plana
Me acabo de comprar una bikini retro
marca Atracción Por lo Prohibido.
Es tu cuerpo, suelta una.
Y las demás ríen.
Y untan tostadas.
Cortar y dar de nuevo.
Sale otra carta,
más pragmática:
Ojos que no ven, corazón que no siente.
Se barajan frases.
Un lector adyacente mira de reojo.
Notario de rostros.
Ahora tienes un nuevo amigo en el club de las apariencias
¿quieres dejarle un mensaje?
Si, quiero saber dónde está el baño
creo que voy a vomitar.
Nademos crawl sincronizado
a lo largo de la pantalla plana
Me acabo de comprar una bikini retro
marca Atracción Por lo Prohibido.
Es tu cuerpo, suelta una.
Y las demás ríen.
Y untan tostadas.
Cortar y dar de nuevo.
Sale otra carta,
más pragmática:
Ojos que no ven, corazón que no siente.
sábado 23 de febrero de 2008
Lo obvio y lo obtuso
Ella se levanta demasiado tarde, al mediodía. La cama es una topografía de pliegues desordenados. Bastaría reclinarse levemente desde la silla en la que trabaja, en dirección al colchón, para hundirse en un sueño espumante. Pendula entre la autoexigencia y la culpa. Tipea. Se dispersa. Abre el correo cuando un cling le avisa que tiene mensajes. Cuatro fotos de su niña en la playa. La primera sobreexpuesta, fuera de foco. Neuróticas somos todas, piensa y se acuerda de Barthes, del CBC, de aquel famoso artículo en el que habla de la connotación, la denotación, el paquete de pasta y la italianidad. Pero está lo suficientemente desconcertada como para aplicar conceptos racionales, para intelectualizar cualquier respuesta. Lo único que sabe, lo único que interpreta es que su hija no está con ella. Que esas fotos materializan la ausencia, que un rayo la partió al medio. Vuelve a abrir el documento sobre el cual estaba trabajando y, gracias a una mala maniobra, a un error ínfimo, a una distracción banal, pierde el trabajo de cuatro horas. Lo borra. Se lamenta un poco, evalúa la posibilidad de llorar, habla sola con la pantalla hasta que decide apagar la máquina. Se cambia de ropa. Se pone unas calzas de algodón, una remera, sale de su casa, camina dos cuadras y entra en el gimnasio. Habla con un profesor. Diseñan una rutina. Mientras pedalea sentada en una máquina que le va indicando cuántas calorías está quemando, a qué “velocidad” está yendo y a qué ritmo está latiendo su corazón, levanta la mirada hacia un televisor adosado a una viga en el techo y mira un poco de FTV.
miércoles 20 de febrero de 2008
No te entiendo.
No sé cómo rellenarte.
Sos un agujero revocado de piel.
Una carpa vacía sostenida por parantes calcáreos.
Sos hueca. Cráneo. Calavera.
Una llama débil encendida a plena luz del día, colgando de la mecha de una vela, a punto de caerse, como una gota.
Sin embargo
Yo no puedo romperte
Asirte
Olvidarte.
Ondeás en mis sueños
Sos un punto corrido en mis medias de seda
Un boceto
A mano alzada
Indescifrable.
Ausente.
Diminuta.
Deliciosa.
Imposible.
Resbaladiza.
Atonal.
Esquiva.
Y yo
Que con tanta facilidad pierdo la compostura
Y soy tan dada al ridículo
Y me dejo humillar
Porque soy tonta
O masoquista
Te lustro los borcegos
Esos
Que ya sabemos.
Pero no,
Porque soy una dama.
Una madre.
Como bien sabés que suelo decir
En ciertas situaciones
Poco apropiadas
No sé cómo rellenarte.
Sos un agujero revocado de piel.
Una carpa vacía sostenida por parantes calcáreos.
Sos hueca. Cráneo. Calavera.
Una llama débil encendida a plena luz del día, colgando de la mecha de una vela, a punto de caerse, como una gota.
Sin embargo
Yo no puedo romperte
Asirte
Olvidarte.
Ondeás en mis sueños
Sos un punto corrido en mis medias de seda
Un boceto
A mano alzada
Indescifrable.
Ausente.
Diminuta.
Deliciosa.
Imposible.
Resbaladiza.
Atonal.
Esquiva.
Y yo
Que con tanta facilidad pierdo la compostura
Y soy tan dada al ridículo
Y me dejo humillar
Porque soy tonta
O masoquista
Te lustro los borcegos
Esos
Que ya sabemos.
Pero no,
Porque soy una dama.
Una madre.
Como bien sabés que suelo decir
En ciertas situaciones
Poco apropiadas
martes 19 de febrero de 2008
Muñeca desarticulada
Dedos presionando letritas en el teclado, un camino de hormigas en la pantalla. Se sublevan.
Algo hace crack. Me desarmo.
Un brazo sale disparado en dirección al living y cae sobre la alfombra.
Crack, crack, crack.
Un ojo rueda.
Se incrusta en el alambre de púa.
Cara de papa.
Sonrisa de gato.
Feliz no cumpleaños
A ti.
Algo hace crack. Me desarmo.
Un brazo sale disparado en dirección al living y cae sobre la alfombra.
Crack, crack, crack.
Un ojo rueda.
Se incrusta en el alambre de púa.
Cara de papa.
Sonrisa de gato.
Feliz no cumpleaños
A ti.
viernes 15 de febrero de 2008
miércoles 13 de febrero de 2008

Entramos. Olor a encierro. Humedad. Penumbra. Palpamos la casa, como ciegas posando nuestras manos frías sobre la cara de un extraño, adivinando con la piel de las palmas el contorno de los ojos, los bordes huesudos de las cuencas en donde se alojan las órbitas, el tabique de la nariz, los orificios, la superficie carnosa de los labios, las mandíbulas.
Volvemos a medir las distancias. No nos habituamos todavía a la estrechez de los ambientes, a la proximidad de los techos, las paredes.
Mínimo. Todo.
El equipaje intacto.
Pasan los días. La distorsión del espacio sede con el tiempo. Nos acostumbramos. Los iris abriéndose, para absorber algo más de luz en su agujero. El cuerpo puede lo que nosotras no. La ecuación del tiempo y la distancia, la velocidad de la luz, su incidencia, el ángulo, hace maravillas.
Ella se dejó enterrada en la arena. Ahora es una silueta granulada que se eleva sobre la orilla, dejándose lamer por el mar. Y disolviéndose.
Volvemos a medir las distancias. No nos habituamos todavía a la estrechez de los ambientes, a la proximidad de los techos, las paredes.
Mínimo. Todo.
El equipaje intacto.
Pasan los días. La distorsión del espacio sede con el tiempo. Nos acostumbramos. Los iris abriéndose, para absorber algo más de luz en su agujero. El cuerpo puede lo que nosotras no. La ecuación del tiempo y la distancia, la velocidad de la luz, su incidencia, el ángulo, hace maravillas.
Ella se dejó enterrada en la arena. Ahora es una silueta granulada que se eleva sobre la orilla, dejándose lamer por el mar. Y disolviéndose.
martes 29 de enero de 2008
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